23 de enero de 2025

Bienhallada =)

Un horno de leña es lo que me ha hecho volver.

Nunca había pasado tanto tiempo sin escribir por aquí. Cada día que pasa, se hace un poquito más difícil.

No será porque no he cocinado. Desde que está Simón, me han preguntado muchas veces, ¿y ahora te da tiempo a cocinar? Yo siempre respondía que no porque en mi cabeza no era como antes. Hasta que un día Alber me dijo, haces comidas y cenas todos los días, hay que cambiar esa respuesta. Y la he cambiado. 

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Esta entradilla se escribió en abril de 2024 y se ha pasado meses siendo un un borrador. Fue el único acercamiento a escribir algo aquí que tuve a lo largo del año pasado. Uno de mis propósitos para este 2025 es que eso cambie. Para para ponérmelo fácil y arrancar con algo he recuperado esta entrada y sus fotos.

¿Puede haber un plan mejor para un Semana Santa lluviosa y fría que trastear en un precioso horno de leña? Gracias, una vez más, a la familia Luaces por ser como sois.

La idea era hornear pizza, pan, bola de azúcar (de nata) y empanada de millo (de xoubiñas) sin gluten.

Con las masas tengo más práctica, fueron preparadas los días previos y todas llegaron a punto. El horneado se complicó porque no teníamos termómetro ni experiencia y fue todo a ojímetro con las derivadas consecuencias. Mención especial para Pablo que se curró que ese horno calentara como en sus mejores tiempos.

- La primera pizza la hicimos sobre la solera. Sin embargo, la pala se había hinchado y no cabía por la puerta del horno y al intentar meterla en diagonal, se volteó y se convirtió en un amasijo de queso y ceniza. Para la segunda pizza no usamos la pala sino una bandeja y salió bien. Los únicos ingredientes fueron tomate, queso y albahaca.

- El pan lo metimos a una temperatura demasiado alta y no se desarrolló mucho pues se hizo la corteza enseguida. Pese a todo, el interior quedó bien de textura y muy bueno de sabor.

- La bolla de azúcar perdió nata por el desnivel (nata derramada) y se quedó un poquito más seca y caramelizada de lo que debería, pero estaba muy buena.

- La empanada quedó digna, bien cocida y de textura aceptable para ser mi primera empanada de millo sin nada de harina de trigo.

Eso fue todo. ¡Hasta la siguiente!

Empanada antes

Empanada después

Bola de azúcar

Pan

Interior del pan

Pizza que se pudo comer

Pizza que no se pudo comer



4 de agosto de 2023

chapa de lactancia, lactchapa

Mi primer juguete para Simón, unos tomatitos cherrie de peluche :D

A lo largo de los años, este espacio se ha convertido en una suerte de diario de vida a través del hilo conductor de la comida. En estos momentos buena parte de mi vida, intento resistirme a que sea la totalidad, está centrada en el pequeño ser que me acompaña desde hace tres meses. De esa atención que le presto, la alimentación se lleva la mayor parte. 

Se dan, pues, dos circunstancias: tengo un espacio donde escribir de "cocina" y ganas de dejar por escrito mi experiencia durante este tiempo de lactancia. Blanco y en botella. Leche. ¿Habíais olvidado mi sentido del humor?

Vaya por delante que os voy a contar reflexiones y pensamientos, no toméis nada como consejo pues soy novata en esto aunque a veces me salga la vena pedante. Para cualquier pauta o consulta sobre el tema os recomiendo buscarla en vuestro personal sanitario de referencia (pediatras, matronas, logopedas), asesoras de lactancia y en toda la bibliografía que hay al respecto. Es posible que si yo hubiera leído algo más, me hubiese compungido menos.

Falta Alba Padró, pero lo tengo en el Kindle

Aclaro también que nos ha tocado criar en los años veinte del siglo XXI donde los bebés duermen boca arriba, existe el calzado con buenos modales, acumulamos artefactos y enseres por encima de nuestras posibilidades, el azúcar es el mal y filosofamos con el uso de pantallas. Creo que la constante universal es que cada generación intenta hacerlo lo mejor posible con la información de la que dispone.

Vais a leer una entrada muy descriptiva que seguramente no os interese lo más mínimo. Se quedará para que yo la lea de viejita y sonreír, para avergonzar a mi hijo como buena madre y, quien sabe, quizás alguna persona se reconozca en alguna de sus partes.

Prometo nuevas recetas golosonas para compensar :)


El previo

Cuando llegas a esta edad donde comienzan a brotar criaturas alrededor, oyes/escuchas hablar sobre lactancia. Tengas o no interés. Benditas amistades que no tienen descendencia y soportan estos temas. El debate biberón versus pecho se hace presente. En mi caso, además, me ha fascinado siempre leer las peloteras que se montan en redes sociales por este tema.

He tenido casos cercanos que me han hecho ser consciente de la frustración y los malos ratos que supone querer dar el pecho y no poder, el duelo pertinente, el sentimiento de culpabilidad o la falta de recursos. También del sacrificio que supone sacar una lactancia materna adelante. Aún tengo pendiente conocer un caso fácil, que habelos, hailos.

Nuestra idea era que yo intentase dar el pecho porque es la recomendación de la OMS y blabla, por nuestra salud, porque ayuda a recuperarse de los kg del embarazo (si voy a contar cosas, pues las cuento todas) y, además, me apetecía.

También sabía que, si al final había dificultades, la crianza con leche artificial funciona, es bonita, compartida, crea vínculos y apegos estupendos y peques igualmente saludables, felices y pizpiretos. La pequeña Maia y sus padres son el ejemplo de como hacer las cosas sensatamente y bien, que no implica que el camino haya sido fácil.

Creo que en el tema lactancia materna se da un complicado equilibrio entre que el bebé es compartido y hay decisiones comunes, pero es mi cuerpo el que da leche y las sensaciones que derivan de ello son individuales. Aprovecho ya para agradecer a Alber su total apoyo y respeto en todo momento a lo que he ido pensando y sintiendo. Sin él, todo habría sido más difícil. En la lactancia y en la vida.

En definitiva, había leído un poco y escuchado mucho y estaba mentalizada de que podía no conseguir dar pecho. Está feo que yo lo diga, pero soy una persona tranquila, sensata y con media neurona disponible como para tener capacidad crítica. Y, aún con estos mimbres, lo he pasado bastante regular.

La única teta que vais a ver en este post

 

Parto y hospital

Llegó el momento del parto. Desde el inicio de mi embarazo (reproducción asistida) no ha habido nada "natural". Me ingresaron para inducir en la semana 40. Jugué a todos los palos, natural, con epidural y acabó en cesárea de urgencia en la madrugada.

En quirófano pude tener un ratiño de piel con piel son Simón mientras me cosían. Luego estuvo del mismo modo con su padre. Respetando mi plan de parto y nuestra voluntad de lactancia materna no le dieron de comer, esperaron a que yo volviera de reanimación y me lo pusieron al pecho. Esa noche, la matrona me acompañó durante la toma, enseñándome. El bebé lo puso fácil, en su instinto está engancharse y se enganchó. Me dijeron que tenía que estar contenta, que había ido bien. La sensación fue bonita porque era pequeñito y allí estaba, acurrucado, pero aunque no me dolió, me quedó una molestia extraña tras la toma. Me quedé mosca.

Al día siguiente seguí dando pecho desde mi inexperiencia de madre de un día. Toma tras toma fui teniendo más dolor hasta acabar con grietas y heridas. Creo que fue el segundo día cuando me recomendaron usar pezoneras para sobrellevarlo, las puse mal varias tomas hasta que una enfermera me enseñó. Mejoró, pero poco.

Me dijeron que posiblemente esas pezoneras eran pequeñas para mí —spoiler, no— y enviamos a mi padre a buscar por farmacias y tiendas de bebés, mientras nosotros buscábamos por internet. No había más tamaños. Si yo ya tenía un complejo con mis tetas, eso no ayudó. 

Nos dijeron que el bebé tenía un frenillo evidente que podía estar interfiriendo. La pediatra comentó que no se podía cortar, que había que hacer cirugía y que allí eso no se hacía. Menos mal que era un hospital y no la pescadería del barrio.

Por nuestra habitación pasaron matronas y enfermeras intentando ayudar. Hubo un momento que estaban cinco personas valorando mi lactancia, observándome los pechos. Soy bastante pudorosa y aunque acabas "apechugando" con la falta de intimidad, pues no deja de ser desagradable.

Anécdota. En un momento se acercó una matrona que casualmente tenía el pecho muy voluminoso. Con mi bajón hormonal y con toda la autoestima por el suelo pensé que me la enviaban a mí por también tener las tetas grandes, que era la "especialista de talla". Evidentemente, no sucedía tal cosa. La mujer acudía por su conocimiento, independientemente de su fisionomía, pero tal es el estado mental. De hecho, ella se acercó posteriormente para reconocerme que en el hospital solo me hablaban del problema (el frenillo), pero no me daban solución. Fue la primera en darme una recomendación de asesoramiento fuera.

Aunque hemos oído que la lactancia es a demanda, los primeros días tiene que ser a "oferta". Hay que ofrecerle el pecho activamente y si es preciso despertarlo. La tercera noche el peque durmió más, nosotros estábamos agotados y lo aprovechamos, ofreciendo menos veces de las que deberíamos. Resulta que Simón dormía porque estaba en modo ahorro energético por no comer y no éramos conscientes. Eso te genera culpa.

Con ese escenario el niño no comía bien y perdió de peso por debajo del umbral establecido (el 10% tras el nacimiento). Tuvimos que empezar a suplementar con leche de fórmula y no nos importó porque lo primero es lo primero. Para no perder la lactancia materna comenzamos con el método dedo jeringa, intentando combinar leche artificial con el poquito calostro que era capaz de extraer.

Finalmente, el penúltimo día dejé de ofrecer el pecho. No lo llevaba bien, ni mental ni físicamente, dolía. Seguimos con las jeringas y me consolaba pensando que en casa sería más fácil.

La última noche fue la peor. El pediatra de ese turno nos comentó que el sodio estaba alto, tenía calambres y eso ya eran palabras mayores. Nos lo dijo con serenidad, pero grave. Que tenía que comer y que si no había subido de peso a la mañana siguiente, lo ingresaban. Esa noche nos pasamos al biberón porque había que darle 30 ml cada dos horas y con la jeringa no llegábamos. Tuvimos la sensación de estar cebando al porquiño Antón. Funcionó, el bebé cogió algo de peso y se estabilizaron los niveles de la analítica. Como sorpresa final, la pediatra del turno de mañana se animó a cortarle el frenillo. Tardó dos minutos y nos dio una fotocopia con unos ejercicios. Finalmente, nos íbamos a casa.

 

El sacaleches

El sacaleches en el hospital es una máquina del infierno. No me explicó nadie su funcionamiento y me lo puse como buenamente pude deduciendo los programas. No es que sea una máquina Enigma, pero tu cabeza no está para mucho pensar. Tuve la suerte de tener uno para mí en mi habitación y no tener que ir a la salita compartida, pero no es lo habitual. Te lo pones y estás con tus pechos deformados (la imagen que me ha quedado grabada es bizarra), con la bata abierta, con tus dos manos secuestradas y malamente sentada, sin olvidar de que tienes una cicatriz de 15 cm con puntos. Duele.

Y lo peor es que no sale leche mientras tu bebé sigue esperándola. 

He llorado desconsolada enganchada a ese chisme a las tres de la mañana, mirando por la ventana, viendo llover fantasmagóricamente por efecto de las farolas naranjas de la plaza del CHUF. Otra imagen que no se me va a olvidar.

Cada vez que entra alguien en la habitación, llegan las preguntas: ¿sale leche? ¿cuanto sacas? Y resulta que no sale nada. Entonces póntelo más. Y aún sabiendo que las recomendaciones se hacen sin maldad, con el interés genuino de colaborar, no sientan bien. A quien tuve la confianza de pedírselo, le pedí que no me preguntara más. Si yo veía salir la más mínima gota blanca, sería la primera en salir al pasillo y pregonarlo a los cuatro vientos. No sucedió.

Le agradezco infinitamente a la pediatra que allí en el hospital me dijo: Para, así no. Póntelo un ratito, en un pecho solo aunque sea, los minutos que te apetezca, tu cabeciña está primero.  

Una vez en casa pudimos permitirnos un sacaleches de los inalámbricos que son caros, pero facilitan mucho la vida. Espero que bajen su precio y mejoren su sistema de carga USB (que manda narices que una cosa tan supersónica flojee en este aspecto).


Primeros días en casa

Saliendo del hospital, en el coche, le escribí a Eva. Me había pasado Lara su contacto porque para ella había sido de gran ayuda. Eva trabaja como asesora de lactancia y además dedica su tiempo de voluntariado a Alma Lactancia. Me dijo que podía hacerme un hueco ese mismo día, que creía que la situación lo requería. Sin saber muy bien que me encontraría, le dije que sí. 

Vino a casa. Primero me escuchó, que no es poco. Me ayudó a ver con perspectiva todo lo que había ido pasando en esos casi cinco días de hospital, explicándome la teoría de los libros sobre mi realidad fisiológica, poniendo palabras y dando luz y conocimiento a mis sensaciones y síntomas. 

Me gustó que supo leerme, no incidió demasiado en la parte más emocional de la lactancia. En ese momento yo le hubiese dado a Carlos González en la cabeza con su trilogía Comer, amar, mamar (tengo una relación de poco cariño irracional con este pobre hombre, a la par que me interesa lo que cuenta). Eva nos encaminó para perseguir nuestro objetivo de lactancia mixta. Estoy segura de que ella no comparte alguna de nuestras decisiones, pero no nos lo hizo saber.

Luego me ayudó en la parte práctica, con nuevas posturas para amamantar en las que me sintiera más cómoda y menos dolorida. También fue la primera en aclararme que el sacaleches tiene mal naming, que su objetivo no es sacar leche, sino estimular la producción. Me habló de los procesos hormonales que guían la lactancia y como estar en tu casa tranquila favorece que suceda. Encontramos un camino para seguir: dándole el pecho tumbada. Me invitó a ir a las reuniones y a que me revisara una logopeda miofuncional lo del frenillo.

Me animé a ir a la siguiente reunión. Simón tenía nueve días y fue nuestro primer viaje solos en coche. Aparqué en una calle en pendiente y monté el carrito con miedo a que se me fuera calle abajo. A estas reuniones, las he bautizado como reuniones de "lactantes anónimos" desde el cariño y el respeto por lo que hace esta asociación y sus integrantes. De forma desinteresada, están ayudando a muchas familias a conseguir sus objetivos en la lactancia. Es bonito verlas en directo.

La filosofía es escuchar y que te escuchen. Después te orientan según tus circunstancias. Lo que más me gustó fue conocer otras historias, otras familias, otras preocupaciones. Te pone en perspectiva. Aprendes, lloras, empatizas. En ocasiones eres el sabio de Calderón que va delante, en otras (las menos) el que va detrás.

Intento ir a las reuniones cada dos o tres semanas, depende de la logística familiar. Simón ha pasado de ser el más pequeño a la última vez ser el más veterano. Cada vez que voy veo miedos, inquietudes y vivencias repetidas. Eva y sus compañeras las habrán escuchado cientos de veces. Sin embargo, responden y explican con el mismo cariño todas y cada una de ellas.

Tantas familias sufriendo situaciones similares, hace pensar que hay un problema con el asesoramiento de lactancia en hospitales y atención primaria. Seguramente sea consecuencia de dos factores: falta de formación específica y escasez de recursos.

 

Durante el primer mes

Durante este primer mes continuamos como pudimos haciendo tomas tumbada, con dolor relativo, largas, siempre con pezoneras y suplementando con biberón. Afortunadamente Simón no ha tenido en ningún momento confusión tetina-pezón. Las primeras semanas son duras, dormimos poco y se olvidan rápido. No recuerdo ya muchos detalles ni como sobrevivimos. Aunque como cualquier familia corriente que es lo que somos. Pienso en J. y B. con los mellis superchiquitines y me quito el sombrero. O en mi abuela y su tropa de hijos. O en quien haya tenido que criar sola.

Algunas noches sólo daba el pecho en uno de sus despertares. Alber llevaba bien el turno de las 2/3 de la mañana, incluso el de las 5, y yo trabajaba amaneceres y mañanas. Nos entendimos. Dejé de dar pecho alguna noche porque estaba muy cansada. Luego me agobié con perder la producción (por aquello de que el pico de prolactina se produce de madrugada) y volví a retomarla. Perder la producción es un miedo recurrente que todavía me asalta.

Tuve un par de episodios de mastitis, fiebre, dolor, enrojecimiento de la mama, pero se pasaron pronto y no necesité antibióticos. Mucho drenaje del pecho y los probióticos que me recetó mi matrona.


Durante el segundo mes

Una vez establecida una dinámica familiar y recuperado el peso de nacimiento del bebé quisimos mejorar la producción de leche materna. Para ello pusimos un tope a la leche de fórmula. Durante tres días calculamos lo que estaba tomando (haciendo mediciones) y establecimos la cantidad media de mililitros al día. Durante las siguientes semanas tratamos de no superar esa cantidad y cubrir el incremento de la demanda de Simón con el pecho. 

Observamos que a mayor tiempo en el pecho, menor cantidad de fórmula. Por una parte, eso nos daba ánimos.

Padres frikis de los datos

Por otra, había algo que no me gustaba. Seguía necesitando pezoneras, continuaba el dolor en las tomas, eran muy largas y, aún así, el biberón caía entero. Simón tenía lengua en forma de corazón. En una de las reuniones de "lactantes anónimos", en una valoración rápida, nos comentaron que se le seguía viendo un frenillo importante.

Aquí quiero hacer una aclaración relativa a la falta de formación específica. No puede ser que ni mi matrona, ni mi pediatra, conociendo el historial de Simón y mis problemas con la lactancia no se parasen a observar el frenillo. Suele suceder con bebés que van bien de peso, que como ese parámetro cumple, no se mira más allá. 


Anquiloglosia

Ese es el palabro técnico para nombrar a un frenillo corto.

Con esta sospecha fundamentada recurrí a Antía que es mi ángel de la guarda aquí en Coruña para todo el tema de crianza. Le debo tener a Simón, entre otras cosas.

Me recomendó una clínica, Demendizabal y Aller, para que le hiciesen una valoración. Tras un buen rato en consulta, con la logopeda y la odontopediatra, se confirmó. El corte que le habían hecho en el hospital no había sido suficiente, seguramente porque no habíamos hecho la rehabilitación posterior y tampoco habíamos tenido seguimiento por parte de ningún especialista. Que nos pensáramos volver a operar, que ellas lo veían claro.

Como pocos días después de ese diagnóstico teníamos la revisión en el centro de salud, decidimos tener una segunda opinión de nuestra pediatra. Resultó que el bebé, que hacía un mes era un tragoncete y tomaba mucha fórmula para su edad, ahora estaba justo de peso. Es importante relativizar todo el tema de pesos, medias y percentiles porque acaban agobiando. La pediatra nos dijo que era importante seguir suplementando aunque eso no arreglaba el problema de base.

Después de insistir un rato en que le valorase el frenillo, nos derivó al especialista de la zona en anquiloglosia, Pablo (centro de salud de O Portádego). Todo el mundo habla bien de Pablo así que tenemos suerte de tenerlo en el servicio público en el área sanitaria de A Coruña.

Hay que aclarar que no es necesario intervenir todos los frenillos, sino que os deben hacer una valoración previa de la funcionalidad de la lengua, de la fisionomía del bebé, de vuestra lactancia, del agarre y más cosas que yo no sé.

Hoy en día hay cierta polémica porque puede parecer una "moda", pero sucede como en tantas otras cosas la ciencia avanza, se investiga, se sabe más lo que deriva en una mayor capacidad de diagnóstico.

Finalmente, por una cuestión de logística, "operamos" a Simón en la clínica de la doctora Aller. Operar para mi gusto es una palabra excesiva, pero así lo denominan. Es como una intervención en el dentista con anestesia. El bebé llora, sobre todo, porque lo tienen bien sujeto. Es verdad que da penita verlo en el momento, pero no es terrible.

Al acabar la operación, lo pusimos a mamar sin pezoneras y el alivio se notó. Al día siguiente noté más reflejo de eyección, parecían buenas señales. Tardé un par de semanas en que me dejara de doler el "mordisco" inicial y los primeros minutos, pero con el tiempo, fue desapareciendo.

Es fundamental hacer bien y con regularidad los ejercicios. Son tediosos, el niño no colabora, llora y se enfada. Pero hay que hacerlos. Dicho esto, alguna vez me los salto. Soy humana.

 

Durante el tercer mes

Seguimos manteniendo la lactancia mixta, intentado siempre no perder el pecho.

Una semana después de cortar el frenillo y sabiendo que teníamos un control de peso intermedio, jugué una carta que todavía me guardaba en la manga: la extracción poderosa. Se hace para aumentar producción de leche materna. Hay diferentes métodos que podéis leer aquí  —en LactApp están todas las respuestas, gracias infinitas Alba Padró— En mi caso, escogí una variante del A (tres vueltas de diez minutos en cada pecho y descanso de cinco minutos durante tres días aproximadamente a la misma hora).

No noté resultados inmediatos y me agobié porque hasta ahora siempre había tenido una herramienta nueva para dar otro pasito y tuve la sensación de que se me agotaban las vías para explorar. Ya le habían cortado el frenillo, ya había hecho extracción poderosa... De esa forma, no iba a remontar toda la leche de fórmula que estaba tomando.

Pedí una cita con Eva que me dio para seis días después. Eso fue bueno porque durante esos seis días seguí mi rutina normal (no podía hacer otra cosa) y estaba serena porque tenía el horizonte halagüeño del asesoramiento de Eva. Gracias a esa tranquilidad, en esos días de espera noté una gran mejoría. Cuando llegó la cita, había menos que comentar y emanaba más fluido.


¿Y ahora?

Ahora mismo, estoy en un momento un poco más amable. Aunque creo que no lo tenemos dominado del todo (necesitamos que coja más fuerza en la succión y sea más eficiente) por primera vez está siendo relativamente agradable dar de mamar. Las tomas no son eternas y no me duelen, también vemos que sí se alimenta un poquito más y de forma natural se ha reducido algo la leche de fórmula. Los controles de peso van bien.

Pero el miedo no se va. Puede que esté al caer la crisis de los tres meses que es un momento donde se abandonan muchas lactancias maternas exclusivas. El cuerpo cambia la manera de producir leche, el pecho ya no es un almacén que tiene disponibilidad de leche de forma inmediata, sino que el bebé tiene que succionar y esperar unos minutos para que el cuerpo la fabrique. De esta forma, se vuelve mucho más eficiente la producción para la madre. Pero a los bebés no les gusta esperar y se pasan unas semanas enfadados con el pecho hasta que aprenden esta nueva forma de mamar. En esos momentos, es fácil asustarse con que no come y tener la tentación de ofrecer un biberón con el posible rechazo del pecho. Recomiendan tener mucha paciencia y confiar en que el bebé aprenderá.

Esa es la teoría con los bebés que sólo toman pecho, no sé que va a suceder en nuestro caso pues Simón ya toma las dos cosas. A mí me gustaría continuar unos meses más pudiendo dar el pecho, así que creo que es importante mentalizarse y estar preparada. 


Lactancia artificial

No sería coherente con mi manera de ver este tema, no dedicar un apartado a este tema. Mi sensación es que no se habla con cariño de la lactancia artificial. Cuando pides ayuda porque es posible que sea la primera vez que das un biberón, la respuesta no suele pasar de darle cada tres horas o seguir las instrucciones del bote de fórmula. Se suma que la lactancia artificial siempre está acompañada de la nebulosa turbia de la industria que hay detrás, de su pesada digestión, etc.

Pero la lactancia con leche de fórmula también es a demanda, cuando el bebé comienza a presentar signos de hambre. Hay métodos para dar el biberón que ayudan a ir controlando si el bebé está saciado y sus necesidades. Podéis leer aquí más sobre el método Kassing.

Nosotros hemos intentado siempre darle el biberón despacio aunque proteste un poquito. Y puede que nos haya ayudado a que convivan ambas lactancias. Nunca tienes certeza de si es suerte, acierto o una mezcla de azar y trabajo. Me inclino por la última.

El primer biberón que compré fue de urgencia y para solucionar la primera toma nada más llegar a casa. Luego nos recomendaron este y nos ha ido bien. Biberones modernos. Compramos el de flujo adaptable, pero la recomendación inicial era el lento. Habiendo usado los dos, no noto tanta diferencia. Creo que lo fundamental es que no caiga por gravedad y hacer pausas. Con este biberón el bebé tiene que hacer un esfuerzo de succión, con lo cual, se asemeja más a tomar el pecho. Seguro que hay otros modelos y es importante también no marear a la criatura con muchas tetinas para evitar la confusión tetina-pezón si estás con lactancia mixta. 

Biberones Dalton
 

En cuanto a ¿qué leche comprar? también es frustrante. Los profesionales sanitarios no pueden recomendar una marca frente a otra por normativa, para evitar conflictos de interés. De hecho, en el hospital "no puedes" ver la marca de la que allí usan. Se precintan los biberones. Que es tan fácil como quitar el precinto, pero bueno, entiendo que es el gesto. 

Con lo cual, tú llegas a la farmacia, parafarmacia o supermercado y observas una diferencia de más de diez euros entre unas marcas y otras. Y te rayas porque tú para tu bebé quieres lo mejor. Además, ya estás condicionada porque "lo mejor" (la teta) no puedes dárselo y estás buscando al tuerto en el país de los ciegos. Como también asociamos la calidad con precio, te preguntas si no deberías llevarte la más cara. ¿Entonces? En el mejor de los casos, si eres privilegiada y puedes permitirte escoger, intentas discernir entre los ingredientes cual es la diferencia entre gammaglobulinaalfa3 y betaomegaB17 a la par que te pones más triste.

Yo he salido llorando de la parafarmacia, así que decidí delegar la compra de la leche durante unas semanas. La leche aparece en mi cocina :D

De todas formas, y para la tranquilidad de madres y padres, hay que saber que existe una normativa que regula la composición de la leche de fórmula inicial. A nivel macro, son todas muy similares. Se diferencian en lo específico y no es significativo. Os dejo un post muy interesante de la Boticaria García desgranando los ingredientes.

 

Algunos ideas a vuela pluma

Es importante que cada madre, cada familia pueda decidir qué prefiere y eso implica tener conocimientos y recursos. Hay mucha información disponible, pero hacen falta más tiempo de asesoramiento, formación y recursos en la sanidad pública.

También pasa por el respeto. Cuando los bebés son pequeñitos existe un juicio de valor para aquellas familias que deciden optar por la lactancia artificial, cuando las criaturas crecen, las juzgadas son las familias que todavía continúan con la leche materna. ¿Qué más nos dará al resto?

Es crucial dejar de comentar/opinar con los recientes padres si no tienes confianza. Y si la tienes, valorar si es el momento de adecuado para ello. Un sincero y generalista ¿qué tal? abrirá las puertas a lo que tenga que salir, si tiene que salir algo. Preguntas hechas sin mala intención pueden no sentar bien por la vulnerabilidad del momento. Abogo porque volvamos los lugares comunes, la meteorología es nuestra aliada. Si no sabes que decir, siempre tienes el comodín de "parece que vai chover".

Del mismo modo reconozco que es importante también que las madres aprendamos a relativizar y esa es mi asignatura pendiente. Os contaré una anécdota que viene al caso de madre condicionada por el constante juicio ajeno (infundado o no) que está relacionada con el contenido habitual de este blog.

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Sabéis que me encanta Pandejuevo que, por cierto, hay un post reciente de Anna Mayer en El Comidista (como si alguien que vaya a leer este blog, no se haya leído primero El Comidista). En la última ocasión que se organizó el Mercado das Nubes en San Agustín, donde siempre tiene un puesto Pandejuevo, acudí con Simón en la mochila de porteo a por un bollo. El niño iba rosmón y mal colocado porque cuando llora, se pone muy tenso y es difícil ajustarle la mochila sin partirle las piernas. Diego, que es encantador, mientras me atendía me preguntó por la mochila. Yo interpreté, erróneamente, que me estaba corrigiendo porque tenía al niño mal colocado (y eso es anatema) y comencé a darle explicaciones al pobre hombre de porqué no lo podía colocar bien y que sabía que estaba mal. Él no debió entender nada de mi explicación porque no sabe de mochilas, ni tiene criaturas, y solo me preguntaba porque iba a ser tío en unas semanas. 

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A mí me ha ayudado mucho para sacar el pecho adelante no proyectar demasiado, sino plantearme día a día ¿qué puedo hacer hoy para continuar y que herramienta me puede permitir avanzar? Tener una nueva posibilidad de camino y mientras ir tirando con lo que ya estás haciendo porque lo demás no lo puedes controlar. Creo que es exactamente la misma recomendación que me dio Antía para el proceso de FIV. No hay que pensar en el final, sino ir pasito a pasito (hoy una prueba, mañana lo que toque).

Como habéis visto a lo largo del hilo, me han ido ayudando diferentes aspectos: poner las pezoneras, el dejar el sacaleches en el hospital, el horizonte de estar bien en casa, la primera cita con la asesora de lactancia, una nueva postura, la primera reunión de "lactantes anónimos", una rutina, dejar la noche para descansar, retomar la noche una vez descansada, el sacaleches nuevo, la extracción poderosa, solucionar la anquiloglosia, una conversación significativa. 

Se dice y no es baladí, confiar en la intuición. Yo creo que no es únicamente inspiración por arte de birlibirloque sino que está fundamentada. Al final, la persona que cuida al bebé pasa muchas, muchas horas con él, se convierte en objeto de estudio y eso es una fuente de información constante aunque sea inconscientemente. Acabas conociendo a la criatura mejor que nadie y sabes cuando las cosas van mejor o peor. 

Podríais querer preguntarme, y no sin razón, por qué no he desistido si tan difícil estaba siendo y encontrándole aspectos positivos a la lactancia artificial. No tengo clara una respuesta. Creo que es una mezcla de pensar que "ya ha pasado lo peor" (sea verdad o no), seguir teniendo vías para avanzar, cabezonería de serie y, supongo, un orgullo estúpido por querer conseguirlo. Sin embargo, he asumido que es posible que no consiga una lactancia materna al 100% y lo que tengo ahora peligrará en las próximas semanas. Esto es una montaña rusa y a veces tengo energía para seguir y otras muchas ganas de pasar página. Creo que será así hasta el final.

Estos días he bromeado con que me tarda que Simón coma lentejas y tortilla. No miento, sé que me voy a defender mucho mejor con la alimentación complementaria. Si quien a los suyos parece, honra merece, igual hasta lo disfrutamos. Simultáneamente, sumándose a las mil y una contradicciones de esta patoaventura, no quiero que llegue ese momento. Me gustan los bebés, el nuestro es adorable —dejadme que lo diga al menos una vez— y nunca volverá a ser tan pequeñito.

Pequeno Simón, podría detenerse el tiempo mientras te miro sonreír entre mis brazos.



Portada de Isidro Ferrer para el número 15 de la revista PAN representativa de mi momento actual

27 de febrero de 2023

crema de guisantes y menta

crema de guisantes y menta

Una crema por invierno es menester.

La combinación de guisantes y menta no suele fallar.

El verde brillante tampoco.

Ingredientes (4 personas)

· Dos puerros (la parte verde)
· Media cebolla
· 1L de caldo de verduras
· Una patata
· 1/2 kg de guisantes congelados
· Aceite o mantequilla
· Unas hojitas de menta
· Sal
· Pimienta negra

Preparación

1. Picamos el puerro y la cebolla y los ponemos a pochar en una olla capaz con un chorro de aceite de oliva o una nuez de mantequilla.

2. Cuando la cebolla y el puerro estén transparentes, añadimos la patata chascada. Dejamos rehogar unos minutos.

3. Añadimos el caldo de verduras y llevamos a ebullición a fuego medio. Cocemos hasta que la patata esté tierna.

4. Incorporamos los guisantes y dejamos que todo de un hervor conjuntamente.

5. Fuera del fuego añadimos un par de hojitas de menta y trituramos hasta obtener una textura fina. Salpimentamos al gusto.

6. Servimos bien calentita.

Notas

- Esta la hemos hecho con guisantes congelados, cuando estemos en temporada, se puede realizar con frescos.
- Podéis acompañarla de un huevo poché o unas virutas de jamón.
- La menta podéis ponerla a vuestro gusto, con un par de hojas, apenas se nota.
- Es importante cocer poco los guisantes para que no quede un verde hospital.

18 de diciembre de 2022

tarta salada de puerros, calabacín y queso azul

tarta salada de puerros, calabacín y queso azul

Estoy maquillando el resultado de recetas de este año. Desde septiembre han sido meses menos cocinillas. Por un lado, porque tuve un apagón de inspiración y ganas los primeros meses de embarazo (en este diario de vida que me traigo, hay que dejar esto también reflejado :))) ) y, por otro, porque a veces se junta mucho trabajo y tener tiempo a escribir se complica.

Ingredientes

Para la masa

· 100h de harina integral de espelta
· 100 g de harina blanca
· 75 g de agua
· 60 g de aceite de oliva
· Una pizca de sal.

Para el relleno

· Un yogur natural
· Tres huevos
· Un calabacín
· Un puerro
· Unas migas de queso azul
· Media granada desgranada
· Cebollino

Preparación

1. En un bol, juntamos todos los ingredientes de la masa. Amasamos hasta obtener una bola homogénea. Es una masa muy agradecida y en seguida estará lista. La refrigeramos durante media hora en la nevera.

2. Preparamos un molde, podemos enharinarlo o poner papel de horno. Estiramos la masa ayudándonos con un rodillo y la colocamos sobre el molde. Pinchamos con un tenedor el fondo de la masa y horneamos a 180 ºC en blanco unos 20/25 minutos.

3. Mientras tanto, preparamos el relleno. Pelamos y lavamos el puerro y el calabacín. Cortamos el puerro en rodajas y el calabacín en medias lunas. Salteamos en una sartén las verduras y las dejamos entibiar.

4. En un bol batimos tres huevos con un yogur natural. Incorporamos a esta mezcla las migas de queso azul, los granos de granada y el cebollino picado. Salpimentamos.

5. Vertemos el relleno sobre el molde e introducimos de nuevo al horno otros 20/25 minutos hasta que el relleno esté cuajado y dorado.

Notas

- El relleno es completamente adaptable a las verduras que tengáis en casa. Esta receta es para quedarse con las proporciones de la masa y la idea de hacer un relleno con huevos y yogur.

23 de agosto de 2022

pimentos rellenos de cuscús y queso feta

 
pimentos rellenos de cuscús y queso feta

Estando buscando como darle salida a las toneladas de pimientos verdes que tenemos (¿ideas?) me acordé que tenía esta receta sin publicar y que me viene bien para repetir con los susodichos.

Está sacada de forma literal del libro "Las recetas verdes de MasterChef", regalo de Concha y Manolo esta Navidad. La verdad que tiene bastantes recetas que están bien así que si buscáis un libro con recetas de base verduril (aunque no exclusivamente) pues aquí tenéis una buena propuesta.

No me olvido del blog, pero, la vida... :)

Ingredientes

· 4 pimientos rojos
· 200 g de tomates cherry
· 150 g de sémola (cuscús)
· 100 g de queso feta
· 75 g de aceitunas machacadas
· 4 dientes de ajo
· Zumo de 1/2 limón
· Perejil
· Cebolleta
· Salvia
· Aceite de oliva virgen extra
· Sal y pimienta
· Yogur natural

Preparación

1. Cortar los pimientos por la mitad, limpiarlos de semillas y colocarlos en una bandeja. Añadir los ajos aplastados y sin pelar. Incorporar los tomates lavados, echar un chorrito de aceite y salmpimentar.

2. Asar las verduras en un horno precalentado a 200 ºC durante 20 minutos o hasta que los pimientos estén blandos.

3. Mientras tanto, poner el cuscús en un bol con las aceitunas, el zumo de limón, cebolleta picada, unas hojas de salvia y una cucharada de aceite de oliva. Cubrir con agua hirviendo, tapar con un plato y dejar reposar unos minutos.

4. Recoger el jugo de los pimientos asados y la pulpa de los ajos y triturar. Añadir al cuscús y remover bien. Incorporar los tomates asados y volver a remover.

5. Rellenar los pimientos con la mezcla, desmenuzar el queso feta por encima y hornear de nuevo otros 30 minutos más.

6. Espolvorear con perejil picado y, si se desea, servir con una cucharada de yogur por encima.

Notas 

- No es necesario usar la salvia sino la encontráis fácilmente.

- Es una receta muy adaptable a los gustos de cada casa.

pimentos rellenos de cuscús y queso feta

21 de junio de 2022

spanakopita(s)


spanakopita

En honor al ejercicio del triángulo, que me tuvo un buen rato entretenida sin saber resolverlo en su totalidad, pero intuyendo la solución.

Explicación breve de mi ausencia.

Bienvenido, verano.

Mix de versiones. Birulicioso tiene una receta estupenda muy bien explicada, y El Comidista y El invitado de Invierno nunca fallan.

Ingredientes

· 10 láminas de masa filo
· 400 g de espinacas
· 250 g de queso feta
· 2 cebolletas
· 1 huevo
· Perejil picado
· Eneldo fresco picado
· Pimienta negra
· Mantequilla

Preparación

1. Picamos las cebolletas y las rehogamos en una sartén.

2. Salteamos las espinacas con la cebolleta hasta que bajen su volumen. 

3. Ponemos a escurrir las espinacas sobre un colador para que pierdan el agua.

4. En un bol desmenuzaos el queso feta y lo mezclamos con el huevo y las verduras rehogadas. Sazonamos con pimienta negra y perejil y eneldo picados. Probamos de sal, es posible que no necesite nada, pero ya, a vuestro gusto. Reservar el relleno.

5. Ahora toca montar el plato. Hay dos opciones: un único pastel tipo empanada (más sencillo) o triángulos individuales. Lo que es importante saber es que la masa filo se reseca en seguida al contacto con el aire. Tenéis que ir manejando las láminas ágilmente y las que no estéis usando hay que mantenerlas tapadas con un paño limpio y ligeramente húmedo.

5a. Para el formato empanada. Ponemos cinco hojas de masa filo sobre el molde, pincelando con mantequilla entre hoja y hoja. Cubrimos con la capa de relleno. Repetimos poniendo hojas de masa filo por encima pintando con mantequilla entre capa y capa. Cerramos los bordes. Marcamos las raciones con un cuchillo cortando únicamente la primera hoja de pasta filo.

5b. Para los triángulos. Cogemos una hoja de masa filo, la pintamos con mantequilla y colocamos otra encima. Cortamos las hojas en tres tiras longitudinales. Colocamos el relleno en cada una de las tiras y plegamos en forma de triángulo. En la receta de Diana tenéis unos estupendos dibujetes de este proceso.

6. Al acabar el montaje, pincelamos la superficie y horneamos a 190 ºC. El pastel entero requerirá unos 45/60 minutos hasta que lo veamos crujiente y dorado. Las spanakopitas pequeñas triangulares necesitarán algo menos de tiempo, unos 20/25 minutos.

Notas

- Podéis sustituir la mantequilla por aceite de oliva.

- Una parte o la totalidad del queso feta se puede sustituir por ricotta o requesón.

- Es importante escurrir bien las espinacas para que el relleno quede compacto.

- Para trabajar ágilmente con la masa filo, me ha parecido muy útil este consejo de Diana de tener una superficie despejada y todo bien ordenadito.

- En una ocasión me sobró masa filo, probé a congelarla y no me gustó el resultado. Recomiendo comprarla fresca.


spanakopita


5 de abril de 2022

Paseo comidista por Bolonia y Florencia

Estoy a las puertas de un nuevo paseo comidista. Qué nervios.

Mi primer viaje en avión desde febrero de 2020. Mi segundo breve paseo comidista por Italia. Mi anhelo porque no sea el último. Cada vez que me acerco a este país siento que su gastronomía da para todo lo que se quiera gozar y escribir.

A ver qué sale.

El contexto

Laura me propuso hace un par de meses que fuera su acompañante en su incursión profesional en la Feria Internacional del Libro Infantil de Bolonia que, en esta edición, volvía a celebrarse de forma presencial. Me pareció un gran plan, lie a Alber y fuimos los tres.

Igual no hubiese conocido Bolonia sin ser por esa razón. Parece que hay otras ciudades o áreas de Italia que, de entrada, son más llamativas. También espero llegar a conocerlas. Sin embargo, creo que es más que recomendable visitar Bolonia. Tiene vida, es alegre, callejera, sabia, bonita, cultural, joven, antigua, reivindicativa, patrimonial y disfrutona. Me ha encantado. Ahora mismo hay vuelo directo desde Santiago y os voy a dar la brasa para que vayáis.

Además, también hicimos una miniexcursión de un día por Florencia y pudimos abraiarnos que es la palabra que mejor define coloquialmente en Galicia el síndrome de Stendhal. Florencia juega en una liga diferente del arte, la arquitectura, la belleza y la cultura y yo no soy capaz de plasmarlo por escrito.

Además, sé que no he venido aquí a hablar de palpitaciones causadas por Boticelli, Brunelleschi, Michelangelo y demás Tortugas Ninja aunque las hubiere, sino de una visión más terrenal de los sentidos y el placer.

Qué j********** bien hemos comido.

Aquí podría parar y sería un acertado resumen, pero para aquellas personillas que queráis curiosear, os dejo mi relato. Como han sido poquitos días, voy a optar por el orden cronológico, a ver qué tal funciona.

Antes del avión nos despedimos del barrio, no fuera a ser que no volviéramos

Sábado 19

Cena. Mientras esperábamos al señor del apartamento decidimos tomar contacto con el lugar y picotear piadina de scamorza y prosciutto con una Moretti en el bar de abajo. Después salimos a cenar, era tarde y tras de intentarlo en varios lugares, acabamos teniendo un huequito en la Pizzeria Ristorante Victoria. Parece que los sábados, en general, hay que reservar. Esta noche no hubo nada destacable, pedimos dos pizzas que estaban bien, correctas y el postre de la casa que resultó ser un merecumbé de tarta de limón, profiteroles y nata. El sitio era bien curioso, bonito con detalles rozando lo kitsch y nos sirvió para ponernos en contacto tibiamente con la ciudad.

Pizzas de bienvenida, bienvepizzas

 
Todo y nada a la vez

"Sensilla" y discreta

Domingo 20

Desayuno. Por la mañana pronto cogimos el tren para ir a Florencia y fue todo tan rápido que nos hallamos en Florencia sin desayunar. Ayuno intermitente obligado. Tras ver Santa Maria Novella decidimos que no podíamos más. En una pequeña cafetería antes de llegar al Duomo pedimos café y un tentempié. Laura dulce y nosotros salado. Un cornetto (la versión italiana del croissant), un hojaldre y una especie de focaccia/bocadillo que estaba bien.

Desayuno psicodélico

Comida. Merodeamos por las inmediaciones del Mercati de Sant'Ambrogio para comer, pero como era domingo la zona no estaba muy animada. No demasiado lejos encontramos la Trattoria Cesarino que tenía una terraza estupenda y estaba esperándonos claramente. Acertamos. En una bonita terraza acristalada nos recibieron con un prosecco de cortesía, vino blanco ligeramente espumoso. 

De antipasti (entrantes) pedimos una tabla de quesos donde nos ofrecieron mozzarella y tres curaciones de parmigiano reggiano (poco curado, semi y curado) acompañados de miel y mermelada de naranja.

Un queso, dos quesos, tres quesos, y hasta la luna que es un globo...

Como platos principales pedimos risotto de alcachofas que venia cubierto con un velo muy fino de una especie de tocino (lardo) de un denominación de origen de cuyo nombre no quiero acordarme, gnocchi con calabaza y trufa negra fresca (gnocchi alla zucca gialla e tartufo nero fresco) y una lombatina (lomo) de ternera con alcachofas (carciofi) fritas en tempura. Cualquiera de los tres platos, estaba realmente bueno. Nos gustan las alcachofas :D 

 

Lombatina alla aquerello, plato de la artista

Ñoquis naranjas con trufa, plato del no artista

El tocinillo era muy sutil

Merienda gelato. Tras un par de horas apampando en la Galería Uffizi recobramos fuerzas tomando un helado en la ribera del Arno con el Ponte Vechio de telón. Muy cremoso, muy rebueno, muy bucólico. Los tres pedimos chocolate (diferentes tipos) con algo más. El mío no era un helado frío, le pasó a Laura al día siguiente, sino una especie de "mousse" semifría. Tengo que averiguar qué es esto.

Cena. No pudimos coger el tren que queríamos para cenar en Bolonia y tuvimos que cenar en Florencia cerca de la estación, en el primer lugar en el que encontramos sitio.

Fue interesante probar la ribollita, plato tradicional de la cocina toscana. Ribollita quiere decir hervida dos veces y por lo que he estado averiguando es un plato de origen humilde: una sopa densa de pan, legumbres y verduras de la que se hacía una buena cantidad
en cocina de leña y recipiente de barro para ir comiendo los días sucesivos. 

No me pude acabar la cazuela de ribollita aunque me sirvió para su cometido, entrar en calor en el final del invierno "toscanés". 

"Rebollita" me he quedado después del viaje

Alber tomó pici con polpette (una pasta tipo spaguetti, pero de mayor calibre, con albóndigas) siendo él mismo su dama y su vagabundo y Laura se animó con un clásico, ravioli burro e salvia. Esta "salsa" no será la última vez que salga. Es una de esas combinaciones que funcionan. Chocolate y naranja, aceite y pimentón, mantequilla y salvia.

Burro e salvia siempre es bien

Las polpette de mi papá están más güenas


Lunes 21

De nuevo en Bolonia, entra en juego el mapa de Anna Mayer aka Panepanna. Sin esta guía el viaje hubiera sido otra cosa y, presumiblemente, otra cosa peor. Tuvimos la inmensa suerte de que en las semanas previas al viaje, con nuestros vuelos ya comprados, Anna publicó en su newsletter de suscripción P/aNNa Comer en Bologna: qué, cómo, dónde. Con lo útil que nos ha sido y sabiendo que tiene y tendrá mapas de otras ciudades italianas os recomiendo que os suscribáis. Además del mapa, adjunta un listado en pdf con los lugares recomendados, enlaces y una breve descripción clasificados por categorías (comer / café, helado y pastelería / compras).

A partir de este momento, fuimos casi exclusivamente a los sitios recomendados en el mapa y tuvimos un 100% de aciertos.

Desayuno. Cerca de nuestro apartamento estaba el local de calle Galliera de Forno Brisa, un horno y despacho de pan llevado por gente joven, con buen producto y cuidado en todo el proceso, desde origen de la harina hasta la divulgación. Desayunamos cornetto normal y relleno de crema y nos llevamos para el camino un pan stirata bianca al oglio que estaba buenérrimo.

"Fanculo la dieta" es uno de sus lemas, suscribimos

Comida. Fue el día que escogimos para probar alguno los clásicos de la cocina de la región de Emilia-Romagna y Grassilli un restaurante de toda la vida al que habría ido Juan Echanove, con fotos de cantantes de ópera en sus paredes nos pareció un buen lugar. 

Bologna es el lugar para comer pasta fresca y los tagliatelle son la pasta fresca boloñesa por excelencia. Además, es la pasta que normalmente acompaña al ragù. Ragù alla bolognesa es el nombre para lo que aquí conocemos como "salsa boloñesa", pero bien. Un guiso que comienza con su sofrito (el sofrito italiano por excelencia lleva zanahoria, apio y cebolla), carne, vino, leche y tomate cocinado lentamente hasta la sabrosura. 

Probablemente la foto más triste de la historia de unos tagliatelle al ragù

También probamos los tortellini in brodo, que son unos tortellini pequeños cocidos y servidos en un caldo sustancioso de ave. Fue, posiblemente, mi descubrimiento preferido de todo el viaje. Los tortellini pequeñitos también se llaman tortellini al mignolo porque se forman alrededor del meñique. De todo esto también os enteráis en la newsletter de Panepanna.

¡Tengo que repetirlo ya!

 
Sfoglia Rina, local top de venta de pasta fresca en Bologna, siempre hay cola, no pudimos ir



Orientación de precios en Sfoglia Rina

Merienda. Para merendar compramos en una frutería un par de naranjas tarocco sicilianas que estaban absolutamente excelsas. Para conocer más de estos cítricos (y otros muchos) os recomiendo leer el libro El país donde florece el limonero de Helena Attlee. Una auténtica delicia, las naranjas y el libro. 

Del Etna a la palma de mi mano, naranja sanguina tarocco
 

Merienda gelato. Tras haber subido los 498 escalones [cita requerida] de la Torre Asinelli nos merecíamos el helado del día. Los tomamos en la Cremeria la Vecchia Stalla. Nos pusimos de acuerdo para que nadie repitiera sabor y poder hacer cata. Yo pedí mi acierto seguro en helados: avellena (del Piamonte) con limón. De las tres que heladerías que probamos en el viaje, esta fue mi favorita.

Amor helado

La imagen de la felicità

La imagen de la cremosità

Cena. Sí, todavía teníamos hambre. Aprovechamos la nocturnidad para conocer el barrio de Bolognina, curiosear por el Mercato Albani y cenar y beber algo en Fermento. Es un sitio de platos sencillos y bocadilos, un bar hipster con buen ambientillo, juegos y gente charlando, muy agradable. Probamos una focaccia y un bocadillo de una combinación super buena y sorprendente (champiñones laminados crudos, puerros confitados, tomate seco en aceite, avellanas y gorgonzola). Nos jalamos uno sin sacar foto porque teníamos hambre y un segundo, sin sacar foto también, porque éramos felices.

Martes 22

Desayuno. De camino al centro volvimos a parar en Forno Brisa y probamos un bollo con trocitos de chocolate, pangocciolo. Aprovecho aquí para decir que no me proclamo en alabanzas del café italiano porque yo no consumo, pero mis compis de viaje estaban muy contentos.

Necesitamos más días en Forno Brisa

Comida. Este día nos pilló por la zona del Mercato di Mezzo

Puestos verduriles: radicchio (achicoria), friarelli (algo similar al grelo), carciofi... en Italia hay muuuuchas variedades chachis

Es una pena que traerse pasta fresca como recuerdo no parezca la mejor de las ideas

Teníamos curiosidad por conocer un sitio de la guía llamado la Osteria del Sole. Es una taberna de vinos, antigua, en la que solo sirven alcohol. Las instrucciones que teníamos eran "la comida te la llevas tú que les parece estupendamente". 

Local enxebre
 

Entramos tímidamente, sin comida, pedimos un prosecco y observamos. Viendo que el panorama era tal y como nos habían contado los clientes entraban con sus viandas y que con el estómago vacío nos íbamos a poner peneques, me acerqué a un puesto del mercado y nos compré comida para llevar. 

Volví a la Osteria con mi bandejita de tortelloni recién cocidos. Los tortelloni son el primo de Zumosol de los tortellini. Estos estaban rellenos de ricotta y espinacas y, de nuevo, con salsa de mantequilla y salvia. También compré tres arancini. Los arancini son una receta siciliana una suerte de croquetas de arroz que no pintaban nada aquí, pero yo ya llevaba un vino encima y había dejado a mi compañía persistiendo en lo de ponerse peneque. No tenía criterio al 100%.

Prosecco y lambrusco, influenciados por el Baco de Caravaggio de Florencia

 
Todo por el arte

En la Osteria pudimos observar con curiosidad antropológica la celebración láurea de dos recién graduadas italianas con su famiglia y amistades. La gran tropa llegó y mientras unos pedían botellas de vino, el resto sacaban de bolsas de rafia todo su despliegue comídistico (porchetta, encurtidos, quesos, panes, mortadella, fiambres varios) y montaban un opíparo festín celebratorio. 

Intentaron cantar dottore, dottore —la canción pegadiza que se canta en las graduaciones italianas—, pero en el local estaba prohibido cantar y soñar. No pudieron entonar, pero soñar, pudimos soñar.

Fotografiando de refilón el ambientillo

Una vez fuera de la taberna, fuimos en busca de un postre y compartimos un cannolo de la pastelería Gamberini. El cannolo en cuestión se me cayó al suelo en un alarde de torpeza, pero por todos es bien sabido que si el alimento pasa menos de cinco segundos en el pavimento, no se contamina
[cita requerida].

Los cannoli son también un dulce siciliano, una masa frita "cilíndrica" rellenable de queso ricotta y con algún adorno en forma de pistachos, ralladuras de cítricos, etc. Sé que Bologna no es el sitio para comerlos, peeeero, tampoco se tiran al suelo. Me tendréis que llevar a Sicilia.

Cannolo rescatado, cannolo feliz

Merienda y merienda gelato. Repetimos lo de merendar naranjas sanguinas (compradas en otro lugar y menos buenas que el día anterior) y nos tomamos un helado esperando a Laura en la Gelateria Majori. Probé el helado fior de latte, la madre de todos los helados, el sabor base sobre el que construyen los demás. Y cabría preguntarse si hacen falta todos los demás. Y luego cabría responder que sí.

Fior di latte e fragola (fresa)

Cena. Quisimos despedirnos de Bologna cenando en Piazza Aldrovandi, una plaza muy agradable con buen ambiente. Nos sentamos en una terraza a tomar un Aperol Spritz y las únicas sillas libres estaban en Ofelia (este lugar no está en la guía). Ofelia es un puesto vegetariano y nos venía muy bien algo de verdureo. El camarero nos montó un aperitivo con sus sugerencias y probamos una friittata de pasta con verduras, una cosa que no supimos nunca que fue y brécol cocido realmente bueno —lo del brécol no lo visteis venir, decid la verdad—.

Prueba testimonial del brécol cocido

Luego fuimos a pedir a otra caseta, I Panini di Miro. Es un sitio especializado en panini y piadinas con un pan realmente bueno. Compartimos unos panini de porchetta (cerdo asado) con dos combinaciones de diferentes verduras y quesos (pecorino con cebolla caramelizada y berenjena con salsa calabra) y nos los comimos felizmente los tres juntos sentados en un banco de la plaza bajo la luna.

PorchettiAMO

Fue la mejor de las despedidas.

 

Las casetas de Piazza Aldrovandi

Tres personitas felices

Para finalizar este paseo comidista quería añadir unas pinceladas sobre compras. Nos trajimos diferentes regalitos para no ser egoístas. Viajaron en la maleta Mortadella de Bologna con IGP, avellanas del Piamonte, alcaparras saladas y unas galletas de mantequilla. Diréis, pues vaya combinación, pero cada regalo estaba pensado. También tuve una tragedia con unos botes de passata y un facturamiento de maletas que no pudo ser por culpa de una persona incompetente del aeropuerto, pero es una historia que no contaré porque pese a su dramático final, no empañó todo lo demás.

Queda aquí descrito casi todo lo que degustamos, pero nos faltaron muuuuuuchas cosas de la lista:

- Otros alimentos típicos como tigelle, crescentine, cotoletta...
- Un montón de locales interesantes de la guía sin explorar, osterias, trattorias, ristorantes...
- Nuevos sabores de helados, pastas, fiambres, dulces, quesos...
- Tiendiñas y puestos de mercado donde gastarse los dineros y disfrutar de la oferta de colores y sabores, libros, artistadas, utensilios...

Con lo cual no me queda más remedio que volver para seguir constatando que los tres sobrenombres de Bologna, la dotta, la rossa y la grassa, están más que requetebien puestos.

¿Quién se viene conmigo? 

Más locales para visitar y aprender

Puestos de verdureo por cualquiera de los sorprendentes soportales de Bolonia

Bologna callejera

No pudimos probarlo todo


PD. Gracias a Laura por llevarnos, por su alegría contagiosa y por documentar bien el proceso gráficamente. Sin ella no habría post ni viaje. Gracias también a Alber por, como siempre, ponerlo todo tan fácil :)